Lo que la balanza esconde (Parte I)

by Alberto Moro Suárez on August 8, 2012

Durante una deliciosa barbacoa en casa de mi hermano Javier surgió el debate sobre la importancia de la balanza exterior.  La Balanza de Pagos resume las transacciones que un país mantiene con el exterior en un periodo determinado. Se subdivide en Cuenta Corriente, Cuenta de Capital y Cuenta Financiera.

La Cuenta Corriente muestra los flujos de bienes, servicios, rentas y transferencias, entre residentes y no residentes. Sin ánimo de ser exhaustivo, esta partida recoge todos los bienes físicos, servicios (turismo, transportes, comunicaciones, construcción, seguros, servicios financieros,  etc.), rentas (del trabajo, derivadas de inversiones, como dividendos, intereses de préstamos, etc.) y transferencias (remesas de emigrantes, etc.) intercambiados con el exterior.

La Cuenta de Capital muestra los asientos de crédito y débito de los activos no financieros no producidos (recursos naturales, arrendamientos, fondos de comercio, etc.) y las transferencias de capital (condonaciones de deudas, donaciones para inversión, impuestos sobre el capital, etc.), entre residentes y no residentes.

Finalmente, en la Cuenta Financiera se registran las transacciones relativas a los activos y pasivos financieros que tienen lugar entre residentes y no residentes. Así, recoge la inversión directa, la inversión en cartera, derivados, etc.

La Cuenta Corriente y la Cuenta de Capital muestran transacciones no financieras y la suma de ambas representa la capacidad o necesidad de financiación (superávit o déficit, respectivamente) de la economía frente al resto del mundo, en tanto que la Cuenta Financiera muestra cómo está asignado o financiado ese superávit o déficit. Dicho de otro modo, la Cuenta Financiera mide la forma en que se financia el superávit o déficit frente a no residentes.

Y después de recordar conceptos, llega ahora lo interesante. En el Gráfico 1 siguiente se muestran las capacidades o necesidades de financiación de la economía española desde 1980 hasta el inicio de la actual depresión, en el 2007. A lo largo de todo este periodo hemos alternado momentos de déficit y momentos de superávit. Como podéis ver, se distinguen 4 grandes periodos. Un primer periodo abarcaría hasta 1983, en donde la economía española mostraba necesidades recurrentes de financiación (déficit) cifradas en el entorno del 2% del PIB. Un segundo periodo iría desde 1984 hasta 1993, y estaría caracterizado en su comienzo por superávits  del entorno del 1,50% del PIB, pasando a déficits de aproximadamente el 3% hacia el final. Un tercer periodo abarcaría desde 1993 hasta 1998, y se caracterízaría por la existencia de moderados superávits. Finalmente, el cuarto y ultimo periodo iría desde 1999, momento de la aparición del Euro, hasta 2007, fecha de inicio de la depresión, y se caracterizaría por un importantísimo deterioro de nuestro déficit, originando necesidades de financiación próximas al 10% del PIB.

 

 

Para entender el anterior Gráfico 1 es conveniente hacer un repaso de la evolución de moneda española en los últimos años. Desde el año 1959 (con el Plan de Estabilización) hasta 1974 la Peseta formó parte del sistema de Bretton Woods, sistema de tipos de cambio fijos pero ajustables ligado al dólar estadounidense y al oro. Desde el final de Bretton Woods, en 1974, hasta 1989, la Peseta fluctuó en el mercado de divisas. En Junio de 1989 la Peseta se integra en el Sistema Monetario Europeo (SME), sistema de tipos de cambio fijos con bandas de fluctuación, creado para lograr la estabilidad cambiaria en Europa y precursor de la Unión Monetaria y de su consecuencia, el Euro. La integración de la Peseta en el SME se produjo a un tipo de cambio central de 65 Pesetas por Marco Alemán, estableciéndose un límite de fluctuación del 6% con respecto a dicho cambio central. Posteriormente, en 1999, se crea el Euro, en el que ingresamos a un tipo de cambio de 166,386 Pesetas por Euro.

Desde 1959 hasta 1999, año de  la creación de la Unión Monetaria (UE) y del Euro, la Peseta fue devaluada 7 veces: en 1967 (-14,28%), en 1976 (-10%), en 1977 (-24,87%), en 1982 (-8,00% en Diciembre), en dos ocasiones en 1992 (-5% en Septiembre y -6% en Noviembre) y en 1993 (-8% en Mayo). Todas estas devaluaciones tienen como objetivo mejorar la competitividad de la economía española, cuyo deterioro se reflejaba en un déficit de la balanza por cuenta corriente y las consiguientes necesidades de financiación de nuestra economía. Curiosamente, todas las devaluaciones tienen también otra característica. Los desequilibrios que nos conducen a ellas se van acrecentando paulatinamente ante la incapacidad de los gobernantes para detenerlos y reconducir la situación sin necesidad de recurrir a la devaluación. No se llega a ellas de una forma abrupta, mediante un shock. La variables se van deteriorando porco a poco hasta llegar a la devaluación. Es como si resultase menos costoso, electoralmente hablando, permitir la generación del desequilibrio para, posteriormente, resolverlo de un plumazo mediante una devaluación que ajusta de golpe los errores incurridos. Y realmente es así. Las devaluaciones nos hacen más pobres a todos de un plumazo, sin necesidad de dolorosos ajustes prolongados en el tiempo.

Así, y como en el Gráfico 1 anterior se refleja, la devaluación de Diciembre de 1982 por importe de un 8% (primera linea roja por la izquierda) nos permite pasar de un déficit a un superávit. Superávit que se mantiene por poco tiempo, ya que 5 años después de la devaluación volvemos a entrar en déficit. Este se va acrecentando y se muestra consistente en niveles superiores al 3% del PIB hasta que, de nuevo, volvemos a devaluar en 2 ocasiones en 1992 (Septiembre y Noviembre), por un importe conjunto del 11%. Dado que dicha devaluación seguía sin mostrar mejoras significativas de nuestra balanza corriente, en Mayo de 1993 se ejecuta una nueva devaluación por un importe del 8%, consiguiendo así alcanzar un muy moderado superávit.

En resumen, la historia refleja que hemos procedido a devaluar nuestra moneda aproximadamente cada 7 años y por un importe cercano al 10%. A modo de anécdota, y sin rigor alguno, si esa tendencia se hubiese mantenido, desde el ingreso en el Euro deberíamos haber ejecutado 2 devaluaciones por importe conjunto del 20%. Curiosamente, ese 20% es el importe de “devaluación interna” que nos “sugiere” el FMI y la UE.

Y llegamos a 1999. Aparece el Euro y con él la imposibilidad de ejecutar devaluaciones a la conveniencia de nuestros gobernantes. La paulatina pérdida de competitividad de la economía española no puede ajustarse al estar anclados a una moneda que no controlamos. En un entorno de financiación abundante y barata, nuestro déficit (necesidades de financiación exterior) se eleva hasta cotas insoportables, alcanzando cerca de un 10% del PIB en el año 2007. Durante todo este periodo (1999-2007) nuestros gobernantes fueron incapaces de formular ni una sola medida tendente a mitigar el drama que se avecinaba. Así, estalla la crisis de endeudamiento (sobre todo, privado) que hoy nos tiene contra las cuerdas.

En un próximo post (Parte II) actualizaré el Gráfico 1 para contar lo sucedido desde 2007 y haré un repaso a como hemos financiado este déficit. Espero hacerlo a lo largo del mes de Agosto si mi mujer y mis hijos me dejan algo de tiempo para escribir. Hasta entonces, saludos a todos.

 

 

 

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{ 3 comments }

Santi Dominguez August 21, 2012 at 8:10 AM

quino, creo que la idea es que el devaluar en vez de corregir es una medida populista, menos dañina para la imagen del gobierno o del régimen. La dictadura hace tanto o más uso del populismo que un gobierno democrático. Este post me gusta mucho, y todo nos lleva de vuelta al mismo tema, sobre el que ya comenté en el primer post de Solventis, que es la falta de competitividad de la economía española. Ahora se están tomando algunas medidas de austeridad que pueden hacernos ligeramente más competitivos, pero creo que la falta de medidas para potenciar la creación de empresas, sobre todo tecnológicas, y los recortes en I+D, van a conseguir que la economía española sea todavía menos cmpetitiva a largo plazo, y si seguimos la lógica de este post, queda claro que recortando hasta el final no vamos a encontrar la solución… Al contrario, es un suicidio

quino August 21, 2012 at 12:48 PM

Gracias por tu respuesta que comparto plenamente; mejor tomar una medida fácil a corto plazo y luego “ya veremos”, aunque comprometamos nuestro futuro.

quino August 11, 2012 at 7:24 PM

Interesante explicación. pero una pregunta: si esta tendencia devaluadora para ir corrigiendo nuestra deficitaria balanza comercial ya ocurre en época no democrática ¿por qué le atribuimos una inteción electoral? ¿cuál sería la intención durante la dictadura?

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